Kristóf Hölvényi

Integrar…/

Para que puedan adquirir la nacionalidad del país de acogida rápidamente. Además, es necesario fomentar una educación que genere una ciudadanía global que apueste por la justicia y la hospitalidad.

Djamila tiene 12 años y es refugiada sudanesa en Chad. Es huérfana y vive con su abuela y sus hermanos y hermanas pequeños. Por las mañanas realiza todas las tareas del hogar y luego trabaja en el mercado hasta las 5 de la tarde. Durante más de dos años que no pudo ir a la escuela. 

Djamila solo come una vez al día. Lo que gana es para mantener a su familia.

Laura Lora / JRS

En 2017 ya había más de 389.000 refugiados en el Chad y más de 105.000 desplazados internos.

Cuando el conflicto en Sudán estalló en 2003, muchas personas tuvieron que huir de Darfur hacia el Este de Chad. Ya llevan 15 años en los campos de refugiados. El nuevo brote de violencia en 2013 aumentó el número de refugiados en esta zona y se creó una nueva generación de personas nacidas en los campos, que no han conocido otra vida. El regreso a Sudán es, por el momento, impensable. Por eso, promover la integración educativa y profesional de las personas refugiadas en Chad es fundamental.

Desde 2014, las escuelas en los campos de refugiados han cambiado del currículo de Dafur al currículo chadiano, lo que ha supuesto una mayor dificultad en este contexto de desplazamiento y emergencia humanitaria. El acceso a la educación es muy complicado: no hay infraestructuras escolares, ni profesores formados. Las instalaciones de saneamiento son inadecuadas y es difícil llegar a los puntos de agua.

ENTRECULTURAS

Desde 2006 trabajamos junto al JRS para garantizar la educación de la población desplazada y refugiada en 8 de los 12 campos de refugiados procedentes de Sudán que se encuentran en la zona del este de Chad. Trabajamos con más de 120 escuelas, dando acceso educativo desde preescolar a secundaria a más de 41.000 menores refugiados sudaneses como Djamila y a 900 docentes. 

En situaciones de refugio prolongado, la educación de los niños y niñas es crucial para evitar que se produzcan generaciones perdidas.

Pretendemos que los menores refugiados estén protegidos, puedan desarrollarse con normalidad y se integren adecuadamente en la comunidad.

ENTRECULTURAS